miércoles 21 de octubre de 2009

Cuestión de ambición


Hace un par de días leí en la revista digital www.hoymujer.com un artículo titulado “Las solteras españolas, las más ambiciosas de Europa” . El titular era demasiado suculento como para pasarlo por alto, así que no pude apagar el portátil sin antes leerlo. Comenzaba así “…un estudio europeo realizado por PARSHIP.es revela que las solteras españolas gozan de mayor ambición en el terreno laboral que el resto de las europeas”.

No sé, supongo que me pareció interesante ver como las españolas encabezábamos esta lista y nos situaban como las más ambiciosas de toda Europa. Pero todo esto no hacía más que en cierta manera decirme que si somos tan ambiciosas es posible que se deba a las todavía enormes desigualdades que sufrimos, bien sea comparándonos con una noruega de 1,80 de estatura o qué duda cabe, con cualquier varón, ibérico o no.

¿Acaso tendrá que ver algo la ambición con la lucha por la igualdad? Yo creo que tiene mucho que ver. Tal vez las mujeres francesas o las germanas se sitúen en puestos inferiores en ese “ambicionómetro” porque simplemente no tienen esa sensación de continua “carrera de galgos”. Quizá estén mejor posicionadas y simplemente ambicionen menos cosas que nosotras, como es lógico.

No sé, fue lo primero que me vino a la mente mientras leía esta noticia (estoy en plena crisis reivindicativa...!)
Luego mi mente voló inconscientemente hacia el pasado...
Recuerdo una vez cuando era un renacuajo de 7 u 8 años que una de mis tías abuelas me preguntó en plena comida familiar qué quería ser de mayor. Yo, enfundada en mi chándal de tactel fucsia, le espeté que de mayor sería peluquera. Recuerdo también como mi madre y mi abuela me lanzaban una de esas miradas de “por ahí no sigas…” desde el otro lado de la mesa. Sabía que eso de “ser peluquera” a mi madre y a mi abuela no les hacía la menor pizca de gracia.

Yo no entendía nada. “¿Por qué?” me preguntaba. Me encantaban las peluquerías y todo lo que aquel pequeño universo contenía. El arte de saber peinar, maquillar y echar todos aquellos potingues de mil colores, incluso soñaba con que un día tendría un gran salón de belleza lleno de lavacabezas y autosecadores de última generación. ¿Por qué mi familia no me tomaba en serio?

Pero no solo era cuestión de mi madre o de mi abuela. En el colegio a mi profesora Doña P. tampoco le entusiasmaba demasiado la idea de dedicarme al mundo de “las mechas y los farandoles”. Cuando, en alguna clase, nos preguntaban cual sería nuestra profesión de mayores, tengo la sensación de que Doña P. escuchaba con mucha más atención a V. que quería ser doctor que a mí “la niña que quería ser peluquera”. Es más recuerdo algún comentario del tipo: “Pero criatura… ¿qué dices? No mujer, no….”

Lo dicho, por aquel entonces no entendía nada.

Luego cuando fui creciendo supongo que empecé a entender que ser peluquera no era tan genial como imaginaba. Horarios intempestivos, espaldas molidas, tobillos cargados… en efecto, parecía que no era tan estupendo. Era mucho más liviano ser peinada que peinar a otros.

Comprendí lo que mi madre, mi abuela y mi profesora trataban de decirme de un modo más o menos “sutil”. Que fuera lo que quisiera ser en la vida, pero que aprovechara mis calificaciones académicas para poder optar a algo diferente, inyectándome de este modo y desde la cuna esa dosis de sana ambición tan necesaria para poder evolucionar.

Muchas veces recuerdo aquellos pequeños detalles de mi madre y como hábilmente me hablaba de lo bueno que era ser enfermera, abogada, doctora o maestra. Recuerdo sentarme en su regazo y escuchar historias de sobre la vida de Marie Curie o Eva Perón.

Desde siempre he sentido ese impulso de mejorar, de progresar, de perfeccionar. A veces imagino mi propia existencia como la de un largo camino en el que la meta aún no ha llegado. Siempre me veo a mi misma corriendo una maratón llena de obstáculos, llena de barreras…

A veces esas barreras se superan sin demasiado esfuerzo; otras, desaparecen como por arte de magia del asfalto y algunas de ellas se nos presentan sin previo aviso.

La ambición no es mala, creo que tener una meta en la vida es fundamental, aunque a veces el camino se bifurque o se entrelace con el de otras personas. Lo importante es llegar a alguna parte, al menos intentarlo.

Ese afán de superación, esas ganas de crecer, se lo debo en gran parte a lo que las mujeres de mi familia y de mi niñez me enseñaron, a esas pequeñas y a la vez grandes lecciones que me dieron.

Y con esto querían decir que da igual si somos peluqueras o cirujanas, amas de casa o ingenieras aeronáuticas, lo importante es intentar evolucionar, progresar, brillar…

Que encabecemos la lista de las europeas más ambiciosas significa que tal vez suframos más desigualdades que nuestras vecinas, pero también quizá quiera decir que somos más combativas, que estamos más vivas y que nuestras madres o abuelas han sabido impregnarnos de ese espíritu de lucha del que tal vez ellas carecieron.

Somos las más ambiciosas. Y eso es muy bueno.

miércoles 7 de octubre de 2009

Premio BLOG DEL DIA


El blog "Pensamientos de una soltera..." ha sido premiado por la web http://www.blogdeldia.org/


Desde aquí agradezco a Rafael R. López Casado (propietario de la web) la concesión de este galardón.


Me siento un poco como Pedro Almodovar en los Oscar... (¡¡tranquilos no agradeceré nada a Judas Tadeo... !!!), pero si que me gustaría dar las gracias a todos los que me leeis, a los incondicionales y a los que se pasan de vez en cuando, a los que me leen desde Madrid, Asturias o cualquier parte del planeta, a todos los/as soltero/as, a los que intentan no serlo y a los que se niegan a abondonar este estado, a los seguidores de Facebook y si me permitís...


Me gustaría dedicarle este premio a mi amiga Sara que pronto comenzará una nueva vida en un nuevo país. Te deseo todo lo mejor en este único y crucial momento. Mucha suerte!


GRACIAS A TODOS!!!


Os dejo un link donde podéis ver la mini entrevista que me han hecho en la web: 7 de OCTUBRE de 2009 --> Premio Blog del Día en http://www.blogdeldia.org/


Un saludo.