miércoles 17 de diciembre de 2008

¿Creamos un mundo diferente con cada relación?


Siempre he tenido la sensación de ser miles de mujeres en una, una especie de “Cubo de Rubick” que pasa de un color a otro en función de en qué manos caiga. Si bien es cierto que me considero una persona auténtica, única, genuina… ahora me preguntaba ¿no era esto una paradoja de la autenticidad? ¿no es cierto que cambiamos un poquito en función de quién esté a nuestro lado? Este yo, el yo al lado de L., ¿era el verdadero “yo”? ¿acaso había estado aletargado mi más verdadero reflejo esperando a que por fin llegara mi verdadero amor? ¿qué clase de persona era ahora? Millones de dudas existenciales me asaltaban la cabeza.

Puede que todo esto tenga que ver con la madurez. Ayer, mientras me tomaba unas cañas con B., le comentaba esto. Siento que desde que L. ha aparecido en mi vida, no soy la misma. Es evidente que no soy la adolescente que salía con R., ni tan siquiera la universitaria que unos años más tarde lo hizo con J., pero no sé, sentía que había algo más detrás, algo más que el paso del tiempo en mi vida.

Es obvio y, me atrevería decir que incluso hasta asquerosamente tópico, eso de que no somos más que el producto de un montón de vivencias y experiencias acumuladas; pero yo me refiero a esos matices, casi inapreciables, que nos hacen convertirnos en personas diferentes con cada relación. ¿se trata de adaptación? ¿generosidad? Tal vez, ¿sometimiento?

Si yo sigo siendo la misma, si yo sigo siendo yo, si soy tan auténtica como creo ser ¿Por qué L. y R. se parecen tanto como un huevo a una castaña? Ahora que les comparaba, no podía evitar no compararme a mí también a la Agatha de los 16 años con la Agatha que soy ahora, nada más y nada menos, que diez años después ¿acaso era la misma? ¿o era una Agatha constantemente “en construcción”?

Muy en el fondo de mi interior, siento que con cada persona he creado un universo paralelo, en donde unas veces me he mostrado como hija de mis novios, y en otros como madre. Con R. ejercí de profesora de Historia, de Arte, de Música, de Ciencias… A J. le conocí mientras me explicaba integrales y yo me hacía más tonta de lo normal. Dentro de los amigos de R., yo era la empollona. Con los de J. simplemente era la “aguafiestas”. Pero ambos mundos tenían algo en común: podían situarse en la Prehistoria, dignos de cualquier “Era Cavernícola”.

Por eso ¿cómo era posible que hubiera encajado en ese tipo de ambientes? Y sobre todo, viviendo en este nuevo mundo en el que estoy ahora, ¿cómo había logrado convivir tanto tiempo rodeada de trogloditas?

No podía evitar llegar a la conclusión de que en cierta medida, siempre he comenzado en mis anteriores relaciones creando una especie de burbuja dentro de esos universos; burbuja que tarde o temprano se había roto y momento en el cual, en lugar de irme, siempre me había quedado y adaptado (al más puro estilo Darwin). Creo que a muchas mujeres también les sucede. Conozco miles de casos.

Mi nuevo mundo es maravilloso. L. es maravilloso. Madrid es maravilloso. Pero ahora mi anterior conclusión se volvía contra mí: ¿se rompería algún día la burbuja? Probablemente sí. Pero lo más importante ¿con qué nuevo mundo me encontraría? De lo que estoy segura es que he superado con creces la Edad de Piedra.

5 comentarios:

supersalvajuan dijo...

En la edad de Piedra habia Paleolítico y Neolítico. Y luego el Hierro, y el cobre, y todo lo demás.
Ya lo decían los Airbag, lo del cubo...
http://es.youtube.com/watch?v=ttH7S9nwP4o

Bruja24 dijo...

Bueno, uno siempre adapta una parte de si mismo a la otra persona. Pero mientras esa parte no supere el 50% de tu personalidad, seguiras siendo tú.
Lo de la burbuja... que razón tienes. Yo antes también creaba burjujas en mis relaciones y cuando se rompían... la mayoría de las veces me quedaba, como dices tú, anclada en el paleolitico junto a esos picapiedra, hasta que aparecía uno que a primera vista parecía más avanzado, y cambiaba mi prehistorica existencia por otra burjuja...
Pero al final, cuando optas por romper todas las burbujas, y analizas todo esto, con calma, es cuando decides no volver a tropezar. Asi que imagino que en esta nueva relación, con burbuja o sin ella, no volveras a optar por adaptarte al paleolítico y quedarte allí. Seguirás avanzando, pase lo que pase.
Me ha gustado mucho tu post, me ha traido viejos recuerdos...
Un beso amiga.

celemin dijo...

Tendemos a completar lo que falta a quien nos rodea (si es posible) pero hay veces que las carencias del otro hacen que se manifieten las nuestras, es entonces cuando no funciona.

Carlos dijo...

Pienso que esos matices es lo que permanece fuera de las distintas burbujas que,siempre inevitablemente,terminan por desaparecer.
Salvo las de los sueños que no están sujetas a las leyes físicas.
Y desde hace unos minutos entramos en la era invernal :)
Un abrazo

Mónica dijo...

Yo creo que siempre tratamos de adaptarnos un poquito al otro, en ese intento por buscar y encontrar la afinidad... pero nunca perdemos la esencia de cada uno.
Por eso tantos divorcios, cuando ya no nos interesa adaptarnos...

bsss. me gustó tu blog. Nos vemos ¿si?

Feliz 2009!