
¿Cuántas veces hemos oído eso de “porque te quiero, te dejo ir”? o lo que es aún peor “quiero que seas feliz, aunque no puede tenerte a mi lado”… Siempre he tenido la convicción que este tipo de parabienes se prodigan más en la gran pantalla que entre las personas de a pie.
Y es que ¿Somos en realidad tan generosos como para hacer eso? ¿Somos capaces de disfrazarlo todo de una contradictoria magnificencia? ¿Serías capaz de, amando a una persona, o lo que es peor aún, no amándola ya, dejarla ir? Ó ¿en determinados momentos, la comodidad, ejerce una fuerza sobrenatural en nosotros que adormece nuestra capacidad de reacción?
Todas estas dudas asaltaron ayer mi cabeza pocos minutos antes de dormirme. Quizá la clave no consistía en retener a las personas… quizá la clave era “saber soltar a tiempo”. ¿Egoísmo o altruismo? He ahí la nueva shakesperiana cuestión en materia de relaciones. Pero en una sociedad en la que cada vez prima más el individualismo, el aislamiento y la egolatría, ¿no estaría el concepto pasando de moda? Y es que el “porque te quiero, vete” parecía ahora sonarme a una época teñida de colores sepia.
Conozco a un par de matrimonios que llevan vidas totalmente independientes pero que los domingos comparten mesa y mantel con sus hijos, ejerciendo así de parejas respetables. Estos pactos, estos acuerdos, se contraponen totalmente con la idea de liberarse mutuamente y vivir sin máscaras ni convenios. ¿Por qué a este tipo de relaciones le cuesta tanto “soltar? Desde luego la idea parecía que ni se les había pasado en ningún momento por la cabeza.
Cuando ves que las cosas no funcionan pero sigues sintiendo que amas a la otra persona ¿basta el amor de uno para sostener una relación de dos? ¿Es preferible callarse y seguir, aún sabiendo que aquel al que amas, tiene una vida paralela y consentida por ti? Creo que en estos casos, indudablemente, es mejor liberar a la otra persona. Pero ¿y si el liberado en realidad no quiere tal libertad? En ese caso, la cosa se complica.
Nos desprendemos de lo que ya no nos sirve con una asombrosa facilidad, si no estamos cómodos en nuestros trabajos rápidamente intentamos mejorar y buscamos otro… pero en cuestiones de parejas ¿es, en realidad, la libertad un arma de doble filo?
Constantemente y a medida que vamos creciendo, el ser humano tiende a demandar mayor libertad. Cuando somos adolescentes, rogamos a nuestros padres que no sean tan estrictos con las horas de volver a casa (yo, al menos, era de las que negociaba las “medias horas de más” con mi madre antes de salir con mis amigas). Cuando avanzamos en nuestras carreras profesionales intentamos ser más autosuficientes, y al menos en mi profesión, las responsabilidades asumidas van ligadas a la libertad que demandamos a la hora de tomar decisiones por otros, es decir, a la hora de asumir un puesto de mando, que al fin y al cabo es a lo que todos aspiramos, a tener mayor libertad para decidir. Pero en cuestión de relaciones de pareja, creo que en muchos casos, tendemos consciente o inconscientemente a encerrarnos en cárceles que nosotros mismos creamos.
¿Amamos a las persona o en realidad amamos a la idea de tener a alguien y no tener que volver a encontrar a otra persona? ¿Te amo a ti, individuo o persona, o amo la idea de que alguien está conmigo? ¿Nos sentimos mejor en nuestra fría pero segura cárcel que en el extraño mundo que existe afuera?
Y es que ¿Somos en realidad tan generosos como para hacer eso? ¿Somos capaces de disfrazarlo todo de una contradictoria magnificencia? ¿Serías capaz de, amando a una persona, o lo que es peor aún, no amándola ya, dejarla ir? Ó ¿en determinados momentos, la comodidad, ejerce una fuerza sobrenatural en nosotros que adormece nuestra capacidad de reacción?
Todas estas dudas asaltaron ayer mi cabeza pocos minutos antes de dormirme. Quizá la clave no consistía en retener a las personas… quizá la clave era “saber soltar a tiempo”. ¿Egoísmo o altruismo? He ahí la nueva shakesperiana cuestión en materia de relaciones. Pero en una sociedad en la que cada vez prima más el individualismo, el aislamiento y la egolatría, ¿no estaría el concepto pasando de moda? Y es que el “porque te quiero, vete” parecía ahora sonarme a una época teñida de colores sepia.
Conozco a un par de matrimonios que llevan vidas totalmente independientes pero que los domingos comparten mesa y mantel con sus hijos, ejerciendo así de parejas respetables. Estos pactos, estos acuerdos, se contraponen totalmente con la idea de liberarse mutuamente y vivir sin máscaras ni convenios. ¿Por qué a este tipo de relaciones le cuesta tanto “soltar? Desde luego la idea parecía que ni se les había pasado en ningún momento por la cabeza.
Cuando ves que las cosas no funcionan pero sigues sintiendo que amas a la otra persona ¿basta el amor de uno para sostener una relación de dos? ¿Es preferible callarse y seguir, aún sabiendo que aquel al que amas, tiene una vida paralela y consentida por ti? Creo que en estos casos, indudablemente, es mejor liberar a la otra persona. Pero ¿y si el liberado en realidad no quiere tal libertad? En ese caso, la cosa se complica.
Nos desprendemos de lo que ya no nos sirve con una asombrosa facilidad, si no estamos cómodos en nuestros trabajos rápidamente intentamos mejorar y buscamos otro… pero en cuestiones de parejas ¿es, en realidad, la libertad un arma de doble filo?
Constantemente y a medida que vamos creciendo, el ser humano tiende a demandar mayor libertad. Cuando somos adolescentes, rogamos a nuestros padres que no sean tan estrictos con las horas de volver a casa (yo, al menos, era de las que negociaba las “medias horas de más” con mi madre antes de salir con mis amigas). Cuando avanzamos en nuestras carreras profesionales intentamos ser más autosuficientes, y al menos en mi profesión, las responsabilidades asumidas van ligadas a la libertad que demandamos a la hora de tomar decisiones por otros, es decir, a la hora de asumir un puesto de mando, que al fin y al cabo es a lo que todos aspiramos, a tener mayor libertad para decidir. Pero en cuestión de relaciones de pareja, creo que en muchos casos, tendemos consciente o inconscientemente a encerrarnos en cárceles que nosotros mismos creamos.
¿Amamos a las persona o en realidad amamos a la idea de tener a alguien y no tener que volver a encontrar a otra persona? ¿Te amo a ti, individuo o persona, o amo la idea de que alguien está conmigo? ¿Nos sentimos mejor en nuestra fría pero segura cárcel que en el extraño mundo que existe afuera?
9 comentarios:
Lo cierto es que normalmente no deseas nada malo a esa persona que te deja, pero en el fondo tampoco le deseas que le vaya muy bien, o por lo menos que no le vaya mejor que a ti ;-)
Luego el tiempo lo pone todo en su sitio.
Es dificil adaptarse a la soledad nuevamente cuando has tenido una relación, me pasa que no me gusta estar sola, al final claro terminas por adaptarte.
soy de la idea que sin amor no puedes retener una pareja, no tiene sentido, me sentiría peor estar con alguien y sentirme sola a estar físicamente sola.
Del "Let it be" al "Roll with it". Siempre dejar hacer
Si de verdad amas a alguien, aunque con la palabra amas sobra el "de verdad", dejarás que te deje...si ahí estriba su felicidad.
Todos sabemos que para amar no se necesita el ser amado, y si se ama de verdad (otra vez), no se necesita la devolución del amor entregado.
Ni siquiera se necesita el conocimiento por parte del ser amado de que hay alguien que le ama.
Pues yo creo que cuando alguien usa esas frases contigo, en realidad lo que te está diciendo es que ya no te quiere, y que no quiere seguir a tu lado.
Y generalmente el que sigue queriendo es que no le queda más remedio que dejar ir al otro, porque nunca puedes retener a tu lado al que no quiere ser retenido.
Luego estan las parejas cómodas, instaladas en la rutina, donde ninguno de los dos ama, pero temen a la soledad. Esos pactan, como tu dices, no se dejan ir, porque se necesitan mutuamente para no enfrentar la soledad.
Y el que ama sin sentirse correspondido, y por ello aguanta la relación... en realidad lo que la sostiene es ese mismo miedo a encontrarse solo, porque creo que no hay dolor mayor al de amar y no sentirse amado.
También es cierto qué, como apuntas, hay muchas personas enamoradas del amor, o de la idea de estar o tener a alguien, y no de esa persona en concreto. Pero a la larga... como bien dices, se convierte en una carcel, y el deseo de salir de ella es más fuerte que el de permanecer. Aunque si como en los casos anteriores, tenemos miedo a la soledad... Ahi nos quedaremos hasta que aparezca otra persona que revitalice nuestra ilusión de tener una nueva relación, y volveremos a caer en el mismo error, creando una nueva carcel, un nuevo espejismo de amor.
La solución a todo esto que planteas, es aprender a quererse uno mismo, reforzar la autoestima personal, perder ese miedo a la soledad, a ser una persona sin pareja... Y entonces, tarde o temprano, el amor que merecemos, el que nos haga felices y con el que hagamos felices a otr@s, llegará...
Hola,
Acabo de descubrir tu blog (a través del de Andrea, la que te concedió el merecido premio) y solamente quería decirte que me ha causado muy buena impresión y me han gustado tus reflexiones, muy en la línea de las que a mí me gusta plantearme...
Respecto a este post yo me limitaría a decir, por no extenderme demasiado, que actualmente las relaciones parecen más liberales que en otros tiempos pero al final son (en algunos casos) mucho más posesivas y creadoras de dependencia, lo que me parece un fiel reflejo de la sociedad de "altas velocidades" que nosotros mismos estamos construyendo, hastas el punto de convertir incluso los sentimientos más profundos y que más deberíamos conservar y potenciar en meras sensaciones transitorias y efímeras. En cuanto al amor, por ejemplo... ufff es una palabra tan grande y tan mal enfocada e infravalorada... Y sin embargo, un amor que no es amor, o una amistad que no es amistad, nunca servirá para saciar el miedo a la soledad. La clave del problema: el egoísmo, que jamás contribuirá a construir una relación entre dos seres humanos, sino en todo caso a destruirla.
En fin, lo dicho, mi enhorabuena por un blog tan intimista y tan "filosófico". Un saludo.
Todo un blog haría falta para responder a las preguntas que no es que se encuentre en el camino,sino que la crea el propio ser humano.
¿Existirá esa pugna invisible entre el miedo a la soledad y el miedo al amor por culpa de un mundo cada vez mas enclaustrado en su auricular?
Hola Agatha! llego desde el blog de Sara,o mejor dicho compartido por la omnipresente curiosidad a veces camuflada en casualidad :)
Y tus pensamientos los expones de una forma genial.
Te seguiré leyendo, buenas noches
Pienso que en muchas ocasiones esta frase es utilizada por personas que quieren de verdad a su pareja pero no están preparadas para asumir el riesgo que ello conlleva.
Son personas que tienen pánico al compromiso, que no tienen confianza en sí mismas y todos los dias les ronda por la mente la idea de ¿Por que me quiere si soy un fracasado y él/ella es mucho mejor que yo?.
Ellas mismas crean una barrera protectora que las aleja de cualquier daño, problema o preocupación. (Aunque suene a tópico decirlo)
Por supuesto que hay gente que podrá utilizar esta frase como sinónimo de no te quiero y para no hacerte daño te digo esta gran mentira.
Y con lo del final me quedo con lo que dices de que amamos la idea de tener a alguien y no tener que encontrar a otra persona.
Claro que también hay de todo. En el amor siempre hay uno que quiere y el otro que se deja querer...
Creo que he leido un comentario que tenia toda la razon. El tiempo pone cada uno en su sitio, no soy de esos que dice "justicia universal" porque suelo tomarmela a mi manera, pero si creo que el tiempo es un justo juez.
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