sábado 7 de junio de 2008

¿Hasta dónde somos capaces de llegar por amor?

Ayer, unas amigas y yo, nos reunimos en un restaurante de Madrid para despedirnos de R. Mi amiga y antigua compañera universitaria, se marcha a vivir a Estados Unidos, concretamente al estado de Missouri.

Ha hecho las maletas para dos años, ha pedido una excedencia en su trabajo y ha cambiado la banca por los proyectos de ingeniería. Ha cambiado Madrid por San Luis y tiene miedo... es normal.

R. nunca se imaginaba saliendo de Cangas de Narcea y viviendo en Madrid, pero ni se le pasó por la cabeza que algún día iba a vivir en el medio oeste estadounidense. Yo creo que es una gran oportunidad y una experiencia totalmente enriquecedora para la vida de cualquier persona. La sensación de descubrir nuevas emociones y adentrarse en lo desconcido, bajo mi punto de vista, es apasionante. Pero ¿qué ocurre si esa decisión no es "tu propia decisión"?

Y es que R. no hace su viaje sola, lo hace con y por J., su novio. Recuerdo cuando hace aproximadamente dos meses nos dió la noticia de que se marchaba a vivir a Estados Unidos porque a J. le habían ofrecido un magnifico puesto de trabajo allí. Para mi fue algo sorprendente... y más conmovedor había sido el echo de que J. exigiera a su propia empresa que si le querían a él, también tenian que contratar a R...

Este tipo de decisiones son las que cambian radicalmente el rumbo de tus pasos... R. y J. van a experimentar un cambio cualitativo en cuanto a su vida profesional, pero de un modo implícito, R. está haciendo, puede que la apuesta personal más importante de su vida.

¿Hasta dónde somos capaces de llegar por amor? Sin duda yo he llegado a esta ciudad, por amor o más bien por desamor... Pero ayer mientras cenabamos no pude reprimirme la curiosidad y le pregunté a R. "¿Crees que J. hubiera hecho lo mismo que tú?".... y es que no sé por qué pero siento que somos las mujeres mucho más generosas, mucho más arriesgadas y mucho más temerarias en esto del amor...
Creo que años, décadas y siglos de sociedades y culturas machistas, han hecho latente en nuestro subconsciente esa idea de que toda mujer ha de estar junto a su hombre (llámesele novio ó marido)... esa sensación de abnegación hacia las decisiones y el destino de otra persona, que por contraposición, también se convierte en tu propio destino... "Una esposa ha de estar con su marido", "Si yo me voy, tu te vienes", "Has de cumplir conmigo como mujer".... todas estas frases, que mi querida abuela aún suelta de vez en cuando, no son más que el fruto de años y años de sumisión femenina... ¿Por qué no parece tan "natural" lo contrario?
Las cosas han cambiado, eso es cierto... el mundo ha evolucionado, los patrones de comportamiento de hombres y mujeres han ido acercándose hacia puntos más equitativos, los estilos de vida son completamente diferentes a los de los años 50 (aprovecho para recomendar la película "La sonrisa de Mona Lisa" que trata estupendamente este tema), y los hogares de la gente tienden a convertirse en lugares más justos e igualitarios... pero áun así, creo que las mujeres seguimos siendo más generosas y más abnegadas...
Muchos son los que dicen que el motor del mundo es el dinero y el motor de la vida es el amor, pero en cuestión de apuestas ¿quienes son más adictos al riesgo? ¿hombres o mujeres? Yo creo que en términos generales, tengo clara la respuesta...
Ayer, durante los postres, en aquel apacible restaurante, le deseamos la mayor de las suertes a R. en su nueva aventura. Tiene miedo, sí, pero estoy segura de que sabrá sacarle el mayor partido personal e individual a la situación, al fin y al cabo, también es su vida.

1 comentarios:

Sara dijo...

LA duda es, ¿qué vale más? ¿Tu estabilidad actual o el amor que sientes por tu pareja? Y las mujeres pensamos más con el corazón. Y tenemos miedo, sí, pero somos valientes.
Nos tachán de ser el sexo débil...¿pero qué entienden por debilidad? Porque yo no veo debilidad en esta historia. Veo fuerza, veo ntrega y, sobre todo, veo valor.
Así que mucha suerte para tu amiga. Seguramente, la vaya extraordinariamente bien. Y, si no, siempre le quedará la satisfación de haberlo intentado.

;)